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Fuente: La Nación, 28 de septiembre de 2005
Tonolec
Música electrónica con sangre nativa
Fusión de samplers y sonidos tobas
"Diego
es la parte tecnológica, cerebral, loopeada, y yo soy la parte
visceral, la que investiga el lenguaje toba del grupo y el costado
acústico de las canciones. Es una mezcla de dos culturas, la misma
fusión toba-electrónica que se da en nuestra música." Las palabras
son de Charo Bogarín, tataranieta de caciques guaraníes, cantante y
letrista del grupo electrónico-toba Tonolec que, junto al
programador Diego Pérez, creó una sorprendente fusión de ritmos de
los pueblos originarios del Chaco con máquinas y samplers.
El primer disco
del dúo, donde conviven canciones propias y tradicionales, cantadas
en lengua toba y en castellano, con sonidos como el n´vique (violín
de una sola cuerda) y secuencias electrónicas, fue el resultado de
un viaje circular. En 2001, con el nombre de Laboratorio Wab, los
chaqueños ganaron un concurso de MTV que los llevó vía directa a
Europa. "Una vez allí nos surgió el interrogante. ¿Qué hacemos de
original con respecto a otros grupos electrónicos? A la vuelta nos
quedamos a vivir en Buenos Aires y nos dimos cuenta de que
necesitábamos volver a nuestras raíces. En un viaje a Resistencia
conocimos una comunidad toba y ahí cambió todo."
Corría 2002 y el
dúo ya se había rebautizado como Tonolec, palabra en qom que
denomina al caburé, un ave de canto hipnótico del monte chaqueño.
Fueron dos años de investigación sobre la cultura y las canciones
populares del pueblo qom, un intercambio especial con el Coro Toba
Chelaalapí y el comienzo de una amistad profunda con la abuela "Iyaqué"
Zunilda Méndez. "Me acuerdo de que el primer día llegamos a la
comunidad con un montón de máquinas para grabarlos y filmarlos. Pero
cuando los vimos reunidos como en una ceremonia no nos dio para
sacar nada. Poco a poco les fuimos contando nuestra idea y allí
apareció la abuela Zunilda que fue una de las transmisoras
fundamentales de algunas canciones y nos terminó adoptando como sus
nietos", relata Diego. "Era muy fuerte el contraste entre nosotros,
que llegamos todos modernitos, y los jóvenes de la comunidad, que
tenían remeras negras de Iron Maiden. Pero enseguida la gente más
grande de la comunidad entendió el respeto con el que nos
acercábamos y legitimizaron lo que terminamos grabando", apunta
Charo.
-¿Qué
aprendieron con la gente de la comunidad?
Diego:
-Que hay una idea formada de precariedad sobre lo indígena, y no es
así. Viven de una manera muy simple, pero con una riqueza cultural y
espiritual impresionante. La música se vive como una comunión entre
todos. En lo musical me enseñaron que con pocas cosas se puede decir
mucho, y que ellos ya habían inventado el loop, porque sus cantos
rituales son repeticiones de frases y sonidos.
Charo: -Aprendí
a cantar como las abuelas, con una fuerza que sólo pude encontrar en
mis ancestros. A los cantos tradicionales los tuve que aprender
escuchando, porque no hay nada escrito. Pero eso me ayudó a
comprender el sentido ritual de sus canciones y dio más poder en mi
voz.
El rostro
aindiado, los ojos profundos, la decidida certeza de Charo
contrastan con la tonada chaqueña y la onda moderna de Diego. Cada
uno explica este regreso a las raíces con una historia personal.
Para Diego, Tonolec apareció al calor de la convulsión social del 20
de diciembre de 2001. "Es como que ese caos y esa ruptura con todo
lo de afuera nos permitió ver cuál es la riqueza nuestra y saber que
lo más lejos a donde uno puede llegar es a ser uno mismo, aunque
suene a clisé."
Para Charo, otra
cosa se prendió en su interior. "Comenzar este trabajo fue buscar en
mis raíces ancestrales, porque por mis venas corre sangre nativa,
como dice una de nuestras canciones. Yo tengo sangre guaraní, tengo
tatarabuelos que fueron caciques y de eso me enteré hace poco. Así
que aprender a cantar como hacían los antiguos fue increíble, una
experiencia profunda, realmente profunda."
Gabriel Plaza
Fuente: La Nación
28 de septiembre de 2005
Material para web, Noemi Abramowicz |