La Junta de Mayo había
invitado al gobernador del Paraguay, Bernardo de Velazco, a designar representantes,
quienes debían concurrir al Congreso General a reunirse en Buenos Aires, tal como lo hizo
con los restantes gobiernos provinciales que integraban el Virreinato del Río de la
Plata. Velazco, en lugar de acatar la autoridad de la Primera Junta, convocó a una
asamblea general de vecinos el 24 de julio de 1810, la cual resolvió reconocer al Consejo
de Regencia establecido en España, mantener buenas relaciones con Buenos Aires,
sin someterse a su autoridad y crear una Junta de Guerra a fin de
adoptar las medidas necesarias para la defensa del Territorio.
Fig.43 Indígenas Lenguas del Chaco
En tales circunstancias, esta decisión del gobierno paraguayo
equivalía a un desconocimiento de la Junta de Gobierno presidida por Saavedra. Por tal
motivo y a instancias de Mariano Moreno, la Primera Junta resolvió el 22 de setiembre de
1810, ampliar las facultades de Comandante en Jefe de la Banda Oriental otorgada al vocal
Manuel Belgrano y extender su autoridad a los territorios de Santa Fe, Corrientes y
Paraguay.
Belgrano debía, entonces, organizar rápidamente y con los pocos
recursos con que contaba, una expedición militar destinada a someter al Paraguay,
confiando en que un sector de la opinión paraguaya adicto al gobierno porteño
contribuiría al éxito de la operación.
Con la diligencia que le era característica, Belgrano reunió inme-
diatamente las primeras fuerzas en San Nicolás de los Arroyos y de allí pasó a Santa
Fe, desde donde ordenó la incorporación de todos los Blandengues de la Frontera y fijó
el lugar de concentración en la Bajada del Paraná.
Fig.44 Gral. Manuel Belgrano. El ilustre patricio incorporó
indios abipones a sus tropas en la expedición al Paraguay y proyectó una expedición al
Chaco, pues consideraba necesario sumar a los aborígenes a la causa revolucionaria
Pero al ilustre Patricio no le pasó inadvertido el problema de los
abo- rígenes del Chaco y con gran clarividencia consideró necesario sumar a la causa
revolucionaria a los abipones que se encontraban reducidos en el pueblo correntino de Las
Garzas, junto al Paraná. Estos indígenas constituían los últimos restos de la
población que entre 1750 y 1777 había dado vida a la Reducción Jesuítica de San
Fernando del Río Negro, en la actual Resistencia, y que habían sido trasladados a la
población correntina de Las Garzas, luego que los franciscanos se vieron impotentes de
continuar la obra de los jesuitas expulsados en 1767.
Para lograr su objetivo, el General Belgrano dirigió una comunicación
al Teniente de Gobernador de Corrientes, Elías Galván, el día 2 de octubre de 1810,
desde la ciudad de Santa Fe. Este consiguió organizar una pequeña compañía de 50
lanceros, la cual se incorporó al Ejército Expedicionario y actuó entre 1810 y 1811 en
la Campaña del Paraguay, batiéndose nuestros aborígenes con la bravura propia de su
raza en las acciones de Tacuary, Paraguarí y Campichuelo. Posteriormente sus integrantes
quedaron de guarnición sobre el Río Corrientes y en Curuzú Cuatiá, el pueblo fundado
por Belgrano, donde ejercieron funciones de policía local.
Aunque de poca importancia desde el punto de vista militar, este
episodio demuestra que entre los patriotas de Mayo más esclarecidos, existía el
convencimiento de que los aborígenes del Chaco eran susceptibles de ser integrados a la
nacionalidad naciente y apreciaban su habilidad para el combate.
En diciembre de 1811, el Primer Triunvirato proyectó enviar una
columna expedicionaria que, partiendo de la costa del Paraguay frente a Asunción,
atravesase el Chaco en dirección al Alto Perú. EI propósito era auxiliar al Ejército
del Norte que operaba contra los realistas y tomar a éstos entre dos fuegos.
Pese a que en ese momento las relaciones entre ambos gobiernos eran
cordiales en virtud del Tratado de Amistad celebrado el 12 de octubre de 1811, que
establecía una alianza o federación contra el enemigo común, el proyecto de expedición
a través del Chaco no se llevó a cabo, porque al ser consultada la Junta de Gobierno de
Asunción, ésta manifestó desconocer la existencia de caminos seguros que
cruzaran la región chaqueña. Además, recalcó las grandes dificultades que planteaba la
empresa por lo agreste del territorio y la belicosidad de los habitantes.
Aunque este último argumento era real, la existencia de caminos a
través del Chaco en dirección al Alto Perú era conocida desde el siglo anterior,
gracias a las expediciones que Ios paraguayos habían practicado en dicho territorio. La
respuesta del gobierno de Asunción debió estar inspirada más bien por el temor de que
dichas fuerzas fueran utilizadas por el gobierno de Buenos Aires para someter al Paraguay
a la obediencia hacia el Triunvirato porteño.
Años más tarde, cuando el General Belgrano se hallaba al frente del
Ejército del Norte, volvió a demostrar preocupación por integrar al Gran Chaco y a sus
habitantes a la causa de la Independencia. En 1816 proyectó una expedición que debía
salir de Santiago del Estero e internarse en la región chaqueña a fin de tomar contacto
con las tribus aborígenes. Dispuso la organización de una reducida compañía con el
concurso de milicias locales que debían estar al mando del General José Antonio Alvarez
de Arenales. 
Este jefe debía entrevistarse con los principales caciques, invitarlos
a participar en las luchas a favor de la causa revolucionaria y obtener caballos para el
Ejército. Desgraciadamente, el plan de Belgrano no pudo concretarse pues las guerras
civiles que ensangrentaron al país, obligaron a utilizar todos los efectivos disponibles
en apoyo del Directorio.
Fig. 45 General Martín Miguel de Guemes (1785 - 1821). El
caudillo salteño adoptó previsoras y eficaces medidas para resguardar la frontera con el
Chaco y proyectó un camino entre el río Salado y el río Bermejo
Por su parte, el Teniente de Gobernador de Santa Fe, ante el temor de
un ataque por sorpresa de la escuadra española que remontaba el Paraná desde Montevideo,
asaltando y saqueando las poblaciones ribereñas, convocó a los principales caciques
mocovíes del Chaco para solicitarles su ayuda en caso de una invasión o desembarco
español en la costa santafesina. Estos respondieron afirmativamente, pero no dejaron de
advertir la debilidad e indefensión en que se encontraban las autoridades para hacer
frente a sus propias correrías.
Además, sólo una parte de estos indígenas se encontraban reducidos
en San Javier, San Pedro, Jesús Nazareno de Ispín y San Gerónimo. El resto eran indios
no sometidos y muy guerreros, lo que los hacía temibles para la seguridad de Ias
estancias y propiedades cercanas a Santa Fe y aún para la propia ciudad.