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AL
AMIGO AUSENTE
Raúl
Temporetti, era mi amigo
y se fue en Junio del '85.
Puerto Tirol, febrero de 1986
Bebo
por vos y por mí.
Bebo, porque siempre compartí
tu sed de vino y de ginebra.
Bebo, pero eso sí, en cada trago brindo,
por los pájaros que bajan a tu tumba
y por tu andar de estrellas en lo alto.
Bebo, y cada trago se me asocia
a los días y días compartidos
bajo el sol ardiente de un estero
o buscando respuesta a los andares
en picadas polvorientas,
monte adentro.
Bebo, y además confieso,
que a tu lado fui puliendo
cosas del saber, sin saber nada.
Quizás, resulte absurdo embriagarme
en estos momentos
que me aprisionan los
recuerdos,
y vos desde el subsuelo,
te dedicas a contemplar el firmamento.
Noches idas,
anduve removiendo
cajones olvidados en que guardo
algunas cosas del pasado,
y allí me salieron al encuentro
motivos para escribir
en esta madrugada.
Encontré
notas, papeles amarillos,
libretas con apuntes, sin sentido me dirán,
pero no importa, también
hallé una foto
en la que estás jugando con mis niños.
¡Cuántas
cosas hermano!
que mientras apretaba esos papeles
entre mis manos,
por largo rato me sentí en aquel tiempo.
¡Ando solo!
y ese andar de caminante solitario
tu sabías
porque igual que yo, inundabas
con alcohol noches enteras.
Te gustaba amanecerte en el fogón
de los amigos, mate amargo, cigarro,
y los recuerdos y relatos
de Mapuches y Matacos nos hacían
encontrar el nuevo día.
Bebo, había dicho en un comienzo
y bien sabes lo que ello significa.
¡Es brindar, por los
tiempos que se han ido
y dar la bienvenida a los otros que vendrán!
Yo no vengo a reprocharte tu partida,
vengo, eso sí,
a embriagarme de nostalgias
porque estás ausente,
¡AMIGO MÍO!
PARTIR
En
un Tucumán lluvioso y frío al despedir
a un colega que iniciaba el camino.
Tucumán,
mayo de 1988
¡Geólogo!
Aventurero, de sudores indomables
bajo el sol,
que ronda confines,
indagando los lenguajes del silencio.
Rocas ígneas, metamórficas,
Sedimentarias.
Pliegues, fallas, fósiles.
Volcanes, trépanos,
cristalinos manantiales, hablan.
Cantos rodados, ondulitas, discordancias.
Perfiles, corales, aguas termales.
Cumbres, fondos marinos, lluvias,
ríos, glaciares, albardones.
Cortes delgados, arenas, limos,
arcillas y vientos, hablan.
Los meteoritos, los yacimientos
y las estrellas lejanas, también hablan.
En ese mensaje,
que el paso del tiempo, inscribe
en cada estrato, en cada valle,
en cada meandro,
los geólogos, al descifrarlos,
llegan a confundirse,
con el paisaje envuelto en soledades.
Rústicos poetas, de versos tímidos
escritos al costado del camino,
que se los lleva el viento.
Es un designio partir.
Andar caminos,
te permitirá entender,
los surcos profundos
que el arado del tiempo
dibujó en el rostro
del Mataco, del Mapuche
y del criollo Calchaquí.
La tristeza y despedida del
monte
por ver caer los quebrachos
indefensos y olvidados.
El sudor amargo del bracero
en el rudo algodonal,
igual al del zafrero en el cañaveral.
El triste rostro del peón
que viene a poblar contigo,
los fogones del desarraigo.
Te sentirás renacido
en la ronda del matear,
en esa mano extendida
que encuentras siempre al llegar
y en la otra levantada
que te saluda al pasar.
¡Geólogo!
En estas pocas palabras
vengo a dejarte mi aliento,
agregar leña a tu fuego
de este incendio
compartido,
que la suerte te acompañe
en el andar de caminos.
Mucho depende de vos
que a cada lugar que llegues
encuentres una sonrisa,
y los brazos extendidos
de un amigo...
HOY
Por dar rienda suelta a tanto
grito contenido.
Puerto Tirol, febrero
de 1986
Yo
que supe contemplar nubes azules
bajando presurosas de los cerros,
me atormenta andar el pobrerío
en caminos de impotencia sin regreso.
Veo rostros con surcos profundos,
herencias de sombras, de miedos,
solo imaginar el sufrimiento
no se entiende la memoria frágil, el olvido.
Fértil terreno abandonado,
sabor insulso en picadas polvorientas
impregnado de temores y sudores
es el paisaje que contemplo.
Sueños juveniles acallados
para escapar a las sombras,
que andaban sueltas al amparo
de la impunidad nocturna, fantasmal.
Cuesta encontrar entendimiento
cuando el torpe silencio amarra,
y descubrir que cada día
nos pasamos practicando la partida.
Me asusta sentirme enmudecido
por mordazas colocadas allá lejos,
sin embargo, no le arranco ni el aliento
a tanto grito contenido.
Y me miro asombrado por mi asombro
de anidar conmigo tantos años,
si apenas me inicie, ya estoy de vuelta
por la inevitable cuesta del final.
VERDE
A ella se le escapó una lágrima,
cuando me
dijo que extrañaba al
hombre que amaba.
Tucumán,
julio de 1988
No
escuché,
en tanto monte
mi grito.
Ni
la caída del árbol,
al silenciarse
la canción del hacha.
No
sentí el calor
por los soles.
Sí
los noté,
por sus ausencias.
En
juveniles mirares
contemplé los cerros,
y me asombré
de sus colores infinitos.
Y mientras se acorta el tiempo
me persigue aquel momento.
Cuando
el cristal
de una lágrima,
abandonó el esmeralda
de tu mirada húmeda y lejana.
ANDARES
Bajo un cielo de lunas escondidas
en una noche lluviosa y fría.
Taco Pozo, abril de 1990
Llego
a mi andar
de otoño,
trayendo bagualas
de montes heridos.
Vengo de adentro
del paisaje verde,
donde anida y canta
el pájaro libre.
Soporto
entre luna y luna,
mi andar de nostalgias
por ir a tu encuentro.
Vengo
y acaso
abrevie en palabras
todo lo que siento.
Buscaré
olvidar
que mi canto adentro
se quedó encerrado,
en aquel intento,
de pintar las cosas
del color perfecto,
y hoy es propietario
de todo mi silencio.
Arrastro
conmigo
mi espalda curvada,
y llena mi alforja
de sueños perdidos.
Por
eso es que vengo
andando el camino
ensayando versos
de rústicos sonidos.
Así ando mi vida,
de a ratos prestada
entre el precipicio azul
de mis ausencias
y la estrella fugaz
de tu mirada.
CUANDO...
Cuando razoné sobre
la dirección que vamos.
Taco Pozo, marzo de 1990
Cuando
te aturda el silencio
por la ausencia del canto
de los pájaros lejanos.
Cuando
busques y no encuentres
el cristal en las aguas
de los ríos.
Cuando
haya desaparecido
de tu vista y de tu olfato,
la última flor.
Cuando
por tu propia voluntad
te descubras nuevamente
ser humano.
Entonces,
solamente entonces,
comprenderás mis lágrimas,
hermano,
pero claro,
ya será tarde.
Del
libro "Remolinos de Otoño"
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